La imagen de Juan Pablo II en el cerro

 

 

Esta es una historia de sacrificio, entereza, decisión y logro.

 

 

 

 

 

 

 

 

Antecedentes recopilados de vivencia y relatos de sus protagonistas

Presentados por Jorge Albarracín Herrera

Julio, 2014.

Antofagasta, Chile.

Los inicios de El Proyecto

 

El 13 de enero de 1987, se presenta un ambicioso proyecto de Rosa Herrera Hidalgo, el cual consiste en dibujar en el cerro una gigantesca imagen de Juan Pablo II.

 

Los medios de comunicación de la época dieron gran cobertura a esta propuesta, tanto por lo ambicioso del proyecto, como por la connotación religiosa que tendría la concreción satisfactoria del proyecto.

 

 

 

 

El proyecto de dibujar en dimensiones gigantescas al Santo Padre, sería una tarea titánica, dado los nulos aportes financieros para llevar a cabo adecuadamente éste importante proyecto, aunque inicialmente el proyecto fue asesorado, desinteresadamente, por algunos profesionales de la geomensura y del dibujo técnico. 

 

El traspasar el dibujo de S.S. Juan Pablo II, de papel con unos pocos centímetros cuadrados de superficie, a un cerro cuya superficie irregular supera las tres hectáreas, sería un obstáculo mucho mayor, incluso superior a la dolencia económica del proyecto.

 

Entonces surge la genialidad de un hombre, cuyos estudios autodidactas de los geoglifos, permitieron la transposición de la teoría a la práctica, dando solución al desafío que se acercaba día a día. Este hombre es Juan Tomás Albarracín Valdés, esposo de la proyectista Rosa Herrera Hidalgo.

Extracto de Geoglifo en Perú.

 

 

El primer paso para realizar el dibujo en el cerro, fue trabajar acuciosamente con el diagrama en papel de la imagen de su santidad. Para ello, se cuadriculó el dibujo obteniendo un diagramado, donde cada celda debería ser traspasada a una escala monumental, sobre una superficie irregular en el cerro.

La definición del cuadriculado del dibujo original, fue tomada previa visita al cerro donde se debería plasmar este dibujo.

 

Una de las decisiones iniciales de planificación del dibujo fue considerar cada celda con una dirección Norte-Sur (NS) y Este-Oeste (EO). Con ello, un tramo de línea en el papel tiene una dirección, la cual se haría coincidir con una dirección en el cerro, por supuesto, con la correspondiente diferencia de escala, es decir, un tramo de línea en papel que medía unos centímetros, en el cerro podría medir varias decenas de metros. 

Diagramado del dibujo original en papel, de S.S. Juan Pablo II.

 

En el cerro de la gota

 

 

 

En el primer cerro elegido, existe un dibujo de una gota, la cual aparentemente, fue trazada a fines de la década de los sesenta por trabajadores del desaparecido SENDOS, organismo público encargado de la distribución y manejo del agua potable.

 

 

La elección del primer cerro, es en base a la buena calidad de la superficie, la cual permitiría trazar perfectamente el dibujo del Santo Padre, siendo la idea original de Rosa Herrera Hidalgo, el rellenar el dibujo en el cerro con tierra de color, realzando aún más la imagen.

 

 

En el mes de Febrero de 1987, a menos de dos meses de la visita de S.S. Juan Pablo II a la ciudad de Antofagasta, se iniciaron las primeras labores, a cargo de un solo hombre, Juan Tomás Albarracín Valdés.

 

Bajo un sol abrasador, con cerca de treinta grados a la sombra, Juan Tomás trabajó incansablemente, limpiando cada metro cuadrado de suelo. Pero las malas noticias no tardarían en llegar.

 

Consumiendo sus ahorros, se confirma el nulo apoyo económico. No existe entidad pública o privada interesada en apoyar este proyecto, que a ese momento, se estaba llevando a cabo en terreno.  

 

En  ese momento, Rosa Herrera Hidalgo, luego de algunas reuniones, con el Padre Eloy Parra, uno de los encargados de los jóvenes de la guardia papal en Antofagasta, es informada de la imposibilidad de considerar ni siquiera un miembro de los jóvenes, para apoyar en terreno el desarrollo del proyecto.

Al día siguiente, con ese peso cargado sobre los hombros de Juan Tomás, cuando estaba en pleno trabajo de trazado, en un día caluroso, visualiza a la distancia algunos vehículos, los que al acercarse a la base del cerro, correspondían a camionetas de una universidad local. Los cuales, con sus equipos de topografía al ristre, irrumpieron en el cerro donde Juan Tomás trabaja. Donde él por un momento se sintió invisible, al ver como se desplegaba toda una infraestructura humana y técnica, la cual, a los pocos momentos se le sumaría un helicóptero que lo sobrevolaba, aparentemente, para obtener una imagen aérea del lugar.

 

 

Juan Tomás al ver tal movimiento, le llega un sentimiento de felicidad, por que él pensaba que ese equipo humano y técnico había venido a ayudarle en esa titánica tarea. 

 

Pasando un cierto rato, Juan Tomás baja desde su posición, casi en la cima del cerro, hacia la base de éste, para agradecer a esas personas por su apoyo y, con ello, aliviar su carga.

Pero su sorpresa fue tan grande como el cerro a sus espaldas, cuando le informan aquellas personas que irrumpieron en el cerro, que ellos han venido para realizar la imagen de una cruz de grandes dimensiones, y por ello, él debía desalojar ese lugar inmediatamente.

 

 

Desolado, tomó su viejo rastrillo y su pala, y caminó de vuelta a su casa, sólo por la línea férrea.

 

 

 

 

 

 

 

Faltando sólo cuatro semanas para la visita de S. S. Juan Pablo II, el proyecto no tenía financiamiento, no contaba con personas para apoyar el trabajo y, por último, tampoco contaba con el cerro para plasmar tan gigantesca imagen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La labor no se detiene

 

En esta etapa del proyecto, es un misterio que fuerza generó la entereza en Rosa Herrera Hidalgo y, en especial, en Juan Tomás, para decidir proseguir con el proyecto.

 

Sin autorización de los estamentos gubernamentales de la época, sin financiamiento, sin personas de apoyo para el trabajo en terreno. Juan Tomás, iniciaba nuevamente la travesía de subir al cerro, pero no al cerro con toda la infraestructura, sino al cerro contiguo, la cual es una escarpada carpeta superficial que hacia impensado trazar una línea recta sobre él.

 

A pleno sol, sólo con una pequeña vianda con su alimento y unas botellas con agua, emprendió una feroz lucha, donde su viejo rastrillo y su pala eran sus únicas armas, rasgando jirones de cerro, tras cada enfrentamiento, donde, en momentos, sentía que sus brazos eran movidos por una fuerza que superaba su capacidad humana.  

 

 

 

 

 

Donde cada final de jornada de trabajo, el descanso era justo el necesario para recuperar las fuerzas, siendo la casa de Rosa Herrera y Juan Tomás,  un lugar de reencuentro, conversación y registro de lo avanzado, donde antes del descanso, entrada la noche, se establecía los detalles de la labor del próximo día.

 

Los días posteriores, Juan Tomás fue ubicando los hitos relevantes del dibujo en el cerro, para realizar el traspaso de la imagen de S.S. Juan Pablo II, del papel al cerro.

 

Para ello, subiendo y bajando diez o más veces por día desde su lugar de trazado a la base del cerro, fue ubicando una a una las banderillas con plástico de color, las que serían las esquinas de las celdas trazadas en papel.

 

 

Con el apoyo de Rosa Herrera Hidalgo en la falda del cerro, desde el amanecer hasta cuando la vista no permitía seguir trabajando, ambos fueron trazando el dibujo, línea a línea, donde el viejo rastrillo parecía cumplir la función del mejor bisturí, con trazos que allí en el cerro, no tenían sentido ni dirección, pero a lo lejos, comenzaban a dar forma a una figura. 

 

 

El milagro en el cerro del Papa

 

 

 

Línea a línea, para aquellas personas que transitan por la carretera que está a unos dos kilómetros del cerro, y para los que viven en la cercanía del lugar,  se comienza a observar una imagen familiar.

 

Cada día, son más los vehículos que se detienen, y sus ocupantes con larga vista no desean perder ni un detalle del dibujo de S.S. Juan Pablo II en el cerro.

 

Esto no tardó en transformarse en un pequeño polo turístico, donde las personas estaban en la falda del cerro mirando el trazado del dibujo.

 

En ese entonces, una empresa, sin mediar aviso, arriba a la falda del cerro con dos inmensas camionadas con tierra de color blanco.  Es cuando la gente, en un acto espontáneo de fe y sacrificio, comenzó a subir, con sus propios medios, tierra blanca, esparciéndola con sus manos en el trazado allí presente en el cerro, donde muchos de ellos, luego de ubicar la tierra en el trazo, se persignaba como acto de profundo recogimiento, donde las palabras sobraban y solo se escuchaba el silbar del viento.

 

Esto no tardó en llegar a oídos de un canal de televisión local, el cual, entrevistó a Juan Tomás Albarracín, en pleno cerro, teniendo como fondo a cientos de personas subiendo por el cerro, personas sin distinción de edad, clase social o género.

 

Una reconocida empresa de pintura, regala cientos de tarros vacíos y, con ello, son aún más las personas que se suman a la labor de trazar el dibujo de S.S. Juan Pablo II en el cerro.

Faltando pocos días para el arribo de S.S. Juan Pablo II a Antofagasta, son decenas los voluntarios que, con pala en mano, esparcen el polvo blando en los trazos, realizan nuevos trazados o apoyan en la limpieza de la carpeta del cerro.

 

  

 

Muchos de ellos, han dejado sus trabajos o sus días de descanso, para subir al cerro y, como un acto de entrega, se percibe el disfrute del trabajo.

 

 

 

 

El ambiente en las fases iniciales del trabajo, contrasta con el ambiente en los días próximos a la finalización de éste. Donde se pueden observar a cientos de personas subiendo y bajando el cerro donde se está terminando la imagen de S.S. Juan Pablo II,  con decenas de niños en la base del cerro, provenientes de diferentes escuelas, cantando canciones alusivas a la visita del Papa a la ciudad de  Antofagasta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Dibujo de S.S. Juan Pablo II en cerro, está terminado

 

 

 

 

Dos días antes de S.S. Juan Pablo II, llegue a suelo antofagastino, el dibujo está en los últimos retoques, y antes que caiga la noche, con los últimos rayos del sol, el dibujo está terminado.

“Lo que parecía imposible, se hizo posible, hemos terminado su dibujo Su Santidad”. Fue la frase final que pronunció Juan Tomás, frente a las personas que le acompañaban en ese momento.

 

 

 

 

 

 

 

Los que tuvieron la fortuna de ver la imagen recién terminada, podrán dar fe, de la grandiosidad de la obra, la perfección de lo trazos y la similitud que presentaba con la imagen original de S.S. Juan Pablo II.

 

 

 

 

 

 

 

 

Para toda persona que fue testigo de la Eucaristía de Norte, viendo en vivo a su S.S. Juan Pablo II, con el Dibujo del Papa en el cerro como telón de fondo, ha sido una experiencia única que no se olvidará jamás durante toda su vida.

 

 

 

 

Después de la Eucaristía del Norte en Antofagasta

 

 

 

Después de la hermosa, multitudinaria presencia de fieles en el Campo Eucarístico de Antofagasta, Rosa Herrera Hidalgo, intentó apoyar la preservación de este lugar, como un campo Santo, que invitara a la oración y reflexión.

 

Recordando uno de los proyectos desarrollados en 1979, y presentados en la muestra “Antofagasta, ciudad del Futuro” (1979). Donde de forma providencial, se llamaba “Campo Votivo”, emplazado en el mismo lugar donde se erigió el escenario donde S.S. Juan Pablo II dio su recordado saludo al norte chileno. Rosa Herrera Hidalgo, insistió hasta el final de sus días, en lograr erigir un recordatorio para esa ocasión histórica.

 

 

Lamentablemente, la falta de apoyo, el desarme y demolición del escenario, la venta de los terrenos santos a empresas constructoras, la edificación de casas y urbanización del lugar, terminaron por sepultar toda posibilidad de realizar un rescate físico del momento histórico, para que las nuevas generaciones lograrán conocer que en 1987, un Papa visitó su ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El recuerdo aún existe

 

 

 

Actualmente, el cerro donde están los borrosos trazos del Dibujo del Papa Juan Pablo II, ha sido rebautizado por la comunidad antofagastina, como “El cerro del Papa”. 

 

 

 

 

 

 

Todos los años, algunas organizaciones locales y escolares, organizan actividades de conmemoración a la visita de S.S. Juan Pablo II, las cuales se llevan a cabo en “El cerro del Papa”.